
Por esa savia que corre por mis azules venas,
que no se sacia con los prodigios de los divinos astros,
que maraña todo pensamientos trazados y maquiavélicos
y se calma, admirando la plétora, sobre un acantilado.
Por esa savia que no olvida los bellos sentimientos,
y despoja sin antes redimirse, la perenne culpa,
esa, que con tal desenfreno e insolencia milenaria,
a despojado de toda armonía, al cuerpo humano.
Por esa savia que activa en mi, toda célula de vida,
y que atiza la somnolencia que invade el discernimiento,
por ese vigor desbordante, que produce los dulces espasmos,
de sentirse uno con vida, tanto fuera como por dentro.
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